
Hay personas que parecen estar hechas de la misma madera que sus instrumentos. Cuando entra en una habitación, no ocupa el espacio con ruido, sino con un silencio expectante, como si las cuerdas de su guitarra vibraran en el aire que se mueve a su alrededor. Su vida ha sido una larga canción de ida y vuelta, desde los inicios con el grupo Amistad hasta los escenarios internacionales, del bullicio de las giras al silencio necesario para componer.
Cree en la música como si fuera un ser vivo al que hay que cuidar, alimentar y, a veces, dejar marchar. Él no eligió el arte, fue el arte quien lo encontró a él. Abel Rodríguez Carreño, con solo tres años de edad, ya recitaba la canción del manicero completa. En la enseñanza primaria, estuvo en círculos de interés de todo lo que le llamaba la atención. Se incribió en locución, filatelia y hasta museología. Recibió clases de violín y estuvo en la Academia de Música que existía en Cárdenas, su ciudad natal y donde ha vivido sus 62 años.
Exploró varias aristas del arte, hasta que encontró a donde pertenecía. En la etapa secundaria, inició en la Escuela Vocacional Carlos Marx y funda con sus amigos de esa época el grupo Amistad, donde tocaba la guitarra. Esta agrupación representó a la provincia en el movimiento de la Nueva Trova y participó en varios festivales de la FEEM y la FEU, obteniendo primeros lugares. El éxito del grupo vino acompañado de giras internacionales, donde visitaron países como Canadá, España, Islas Canarias y Sudáfrica.

El grupo se mantuvo unido por diez años, desde 1979 hasta 1989; crearon melodías y se fijaron en los recuerdos de su público. Siguiendo el camino de la música, se unió al grupo Mestizaje, con Miguel Ángel Rodríguez. Allí permaneció un año, hasta que formó otro proyecto. Esta vez fue un trío con su esposa Lisset y un pianista, aunque el flujo de trabajo no se encontraba en buenas condiciones. Desde el año 1995 hasta el 2000, trabajó en un quinteto llamado Sugerencia, y más tarde, formó otra agrupación por su cuenta: Armonía. Prefería decidir qué música tocaba, cómo era el trabajo y elegir quién lo acompañaría. Empezó ese nuevo proyecto con un flautista, hasta que el grupo creció hasta cinco personas. Así se mantuvieron hasta la llegada de la pandemia.

En junio del 2022 iniciaron Abelito y su esposa en el grupo Nuestra América, que para él era un sueño. Actualmente se presentan en Varadero y hacen peñas mensuales en Cárdenas. El grupo es la joya del polo turístico y sus habitantes. Forman una familia de músicos que rellenan cualquier espacio con su alegría.
Abelito cree que la música es el patrimonio de la nación, necesita ser preservada y defendida. No solo se refiere a la música, sino a todas las manifestaciones artísticas, a los monumentos históricos y a las personas que se han convertido en leyendas del arte. Piensa que la juventud debe luchar por mantener la cubanía, crear pensando en su realidad y no tener miedo de sus pensamientos.
Suma más de cuarenta años dedicados a la música, donde recorrió varias agrupaciones dejando huella en todas ellas. Conoció el mundo y se enfrentó a todo tipo de público. Plantó la bandera de la cubanía en cada rincón donde las cuerdas de su guitarra vibraron.
Por: Amanda Reyes Quesada, estudiante de Periodismo













Deja una respuesta