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Pues mira que sí ¡fuimos a la escuela en septiembre!

Los apagones no dieron tregua y tampoco cooperó Aguas de La Habana ni sus homólogos en otras provincias, el emperador de Gringolandia y su bufón, no solo mantuvieron la determinación de amargarnos la vida, sino que, dicen la malas lenguas, que parquearon en la ilegal base naval de Guantánamo dos barquitos de guerra ¿para asustarnos mejor, como el lobo a la Caperucita?…

Así transcurrió la primera semana de septiembre, sin embargo, Cuba fue a la escuela, vestida con los colores de la bandera y con olor a gente que sabe lo que vale la pena defender, salvar.

Entre el aluvión de fotos que inundó la primera semana de septiembre en las redes sociales, amé las de Oliver y su ajuar de Elpidio Valdés hecho con las manos de sus padres, así lo contó su mamá, la actriz Isabel Cristina López Hamze:

«Todo lo hicimos con mucho cariño y mucho esfuerzo, pero igual está un poco chapucero, jorobado, medio chueco… Jorgito se encargó del papel y cartón. Forrar los libros, hacer el componedor matemático, las figuras geométricas… A mí me tocó la tela. Bordé y cosí como pude, porque no soy bordadora, soy una madre cualquiera. Oliver participó de todo el proceso, dando el visto bueno e incluso mostrando su inconformidad con algunas cosas que tuvimos que volver a hacer.

«Ayer, tarde en la noche, terminamos el ajuar escolar manigüero de Oliver. Casi todo hecho en penumbras con la ayuda de la súper linterna que mandó Abuela Caro y la Lámpara de Tío Ernesto. Hoy Oliver salió de su casa muy feliz. Como no sabe contar, no sabía que llevábamos más de 40 horas de apagón, solo sabía que sus cosas son las más hermosas. Llegó a su escuela con la alegría de poder elegir y que su familia haga sus sueños realidad».

Pues sí, este 1ro de septiembre fuimos a la escuela, los niños, las niñas, los adolescentes, las familias agotadas, la madres y padres con ojeras, las tías, tíos, abuelas y abuelos que, aunque igual sin dormir, encontraron el modo de ayudar para que septiembre no perdiera su encanto, a pesar de todo y de todos los que intentaron robarnos también esa satisfacción con campañitas y regadera de bolas con maldad. Pero ganaron las razones, tal cual había explicado en su perfil de Facebook el proyecto Crianza Respetuosa, para volver a las aulas:

Estructura y rutina: Recuperan horarios fijos, reduce la ansiedad y les da seguridad emocional.

Reactivación cognitiva: El cerebro «despierta» con el currículo escolar, recuperando la capacidad de concentración y el pensamiento crítico que pueden adormecerse en el verano.

Socialización real: Vuelven al contacto cara a cara con compañeros de aula y profesores. Esto potencia las habilidades socio emocionales como la empatía, la resolución de conflictos y  fortalece la autoestima.

Hábitos saludables: se incrementa la actividad física y se distancian de las pantallas, propiciando un mejor funcionamiento del cuerpo y el cerebro.

Estímulo: Aprender cosas nuevas, volver a la rutina escolar y superar los retos académicos estimula la motivación por el conocimiento y por la escuela en general.

El curso continúa como otra hazaña de las familias cubanas, que hemos sido más duras que los tiempos y escogimos no negarles estos beneficios a nuestros hijos, sino apoyarlos y acompañarlos a crecer con la mayor cuota de felicidad posible.

Por: Giusette León García. Tomado de CubaSí

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