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Por el honor de Cuba…

No todos confiaban en que el Ejército Rebelde vencería al Ejército constitucional, armado y preparado. No calcularon tal vez, que a los rebeldes las convicciones le suplían cualquier carencia de municiones….Ya lo diría Raúl en el propio año 1959: un soldado sin parque en el cerebro, es como un rifle inservible. En ello radicó la esencia del triunfo, pues la fe en la victoria aun en los momentos más difíciles, y la fuerza de defender un ideal justo, Fidel la mantuvo firme y la supo transmitir a sus compañeros de lucha.

El Ejército Rebelde y los combatientes clandestinos de las ciudades, unidos bajo la bandera del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, mostraron al pueblo que lo imposible es posible. Por eso esta ha seguido siendo siempre la Revolución sin imposibles, la del hombre que no creyó en reveses y mucho menos en derrotas; la del joven que pudo ser cualquier otra cosa, lo que hubiera querido, y sin embargo decidió ser un guerrillero del tiempo, como hermosamente lo definiera Katiuska Blanco.

Cuba tiene la dicha de iniciar cada año nuevo con la felicidad del triunfo de la Revolución, celebrando aniversarios y dotando de sentido especial ese inicio de la nueva vuelta al sol. Desde 1959, cada Primero de enero es un homenaje a Martí, a nuestros aguerridos mambises, a nuestros luchadores clandestinos, a todos los revolucionarios que tuvieron que pelear sin llegar a ver el triunfo, pero como siempre supieron: lo estaban haciendo para el futuro.

Nosotros somos ese futuro por el que pelearon, pero un futuro que todavía tiene que ser mejor; un futuro-presente que tiene la obligación de crecerse, de no trasplantarse o abonarse con polvitos artificiales o artificiosos, sino seguir viviendo en esta misma tierra llenita de esencias y tradiciones que son las únicas que nos han permitido llegar hasta aquí… porque la razón de ser nuestra, la pasión de tantos que dieron sus vidas, es la Patria, es Cuba.

El año 2026 Fidel nos cumple 100 años, y diez de multiplicarse en el tiempo. Y aunque sabemos que estar junto a él ya es una decisión de los humildes, que no responde a fechas ni celebraciones, sino a los dictados del corazón y la justicia, el año de su centenario es un nuevo motivo para sacar fuego de las almas perezosas y para saber quién se suma o se aparta del camino difícil pero necesario de la Revolución; quién apuesta por la unidad que tiene como centro la bandera de la soberanía y el socialismo y quién no teme a defender los valores que nos guían al precio de cualquier sacrificio.

El modo martiano de Fidel de hacer revolución, que tiene en el ejemplo personal un valor ético invariable y que pondera la justicia como base y el ejercicio del poder como práctica constante de la modestia, es una máxima para todos los que militamos en el bando de los que aman y “jugamos en la novena de Fidel”.

Fidel está en la cultura que llegó a los lugares más intrincados y en el deportista que le dedicó sus triunfos por agradecido y en reconocimiento a la obra de la Revolución; en las escuelitas, hospitales… y en el desarrollo de aquellos grandes planes económicos que abarcaban la ganadería, las arroceras, los cítricos, el café, el azúcar… y eso lo sabe el pueblo que se movilizaba feliz a trabajar para producir su alimento en un país —bloqueado por un enemigo poderoso— que tiene en sus propios esfuerzos la única posibilidad de prosperar económicamente. El Fidel que estuvo, hasta el último minuto de su vida, investigando y experimentando con plantas proteicas para mejorar la alimentación del pueblo, que echaba a andar planes gigantescos no solo por recursos materiales, sino por la fuerza humana y las convicciones que movía hacia la tarea. Cumple 100 años un hombre no solo de ideas, sino de hechos y resultados.

El Fidel de los olvidos no existe. Para nosotros, los revolucionarios, el reconocimiento de la obra que nos antecede en el ámbito económico, social y político no solo es justicia histórica, sino fuente para aprender bien de lo que bien se hizo y puede seguirse haciendo bien. Ese bien común que nos nuclea en torno al Partido de Martí y de Fidel. El enemigo solamente nos divide desde la ignorancia, desde nuestras incapacidades, y esas son las brechas que tenemos que sellar de una vez.

El Fidel que en junio de 1958, tras bombas de origen estadounidense en la Sierra Maestra, confirmó que la guerra más larga y grande sería la que vendría después del triunfo revolucionario, y sería contra el imperialismo yanqui….y para ello nos preparó durante toda su vida… El Fidel insurrecto que no descansa en fotos ni flores, sino que combate desde cada escrito o discurso que leemos y a veces parece que nos anima y otras que nos alerta severo.

En 2026 cumple 10 años su discurso en la jornada de clausura del Congreso del Partido; un discurso que  entonces era más de futuro que de aquel presente; un discurso cuyo valor ha crecido y es imprescindible para hoy, donde más que llamar a “cambiar todo lo que debe ser cambiado” —expresado 16 años antes de esa fecha-, planteó “perfeccionaremos lo que debamos perfeccionar”, en un  reconocimiento necesario de los logros de la Revolución, que solo hay que mantener y mejorar; y también como advertencia para velar por ellos siempre.

Ni antes, ni durante ni después del 2026 podemos fallarle a él, ni a la Revolución. Sería fallarle a nuestra dignidad, a nuestra soberanía y por tanto, a Cuba.

Y recordando los versos que llevaron a aquella generación del centenario de Martí, encabezada por Fidel, a escribir sus más altos sueños en los muros del Moncada; por los que continuaron aquella lucha hasta coronarla y luego caminaron fundando una patria nueva de los humildes que sería inadmisible entregar al enemigo; por nosotros y nuestros hijos, que son el futuro, y porque no somos la “generación floja” que se dejará quitar sus conquistas; porque el centenario de Fidel representa cien años más de lucha y de continuidad martiana y fidelista: seguimos en combate.

Por el honor de Cuba…

Por: Daily Sánchez Lemus. Tomado de Cubadebate

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